12/16/2020

Important policy changes for Google Account storage

                                                                                                                                                                                              
New inactive and over quota storage policies
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Summary of the new policies (effective June 1, 2021):
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8/14/2020

Troudeau y la mojigateria

La hipocresía colectiva que revelan los ataques a Troudeau por haberse disfrazado con la cara pintada me irrita. ¿Cómo es posible que en un mundo como el actual lleno de problemas y procesos tan preocupantes se afecte una elección tan importante como la próxima en Canadá con una nimiedad como esa? No puedo creer que haya una cantidad significativa de votantes en Canadá que se planteen cambiar su voto porque un candidato se pintó la cara de negro en un carnaval hace dos décadas. Eso sería una imbecilidad colectiva desconcertante. ¿qué se puede esperar de gente que así piense cuando se trate de verdaderas crisis como las que amenazan a la humanidad en cuanto al cambio del clima, la proliferación de armas, el inexorable crecimiento del crimen, la confrontación comercial internacional y demás dramas mundiales? Se escandalizan por una supuesta ofensa racista causada por Troudeau disfrazándose de Aladino con cara pintada. Son incontables los millones de personas que se disfrazaron en el pasado de negritas, chinos, turcos, indios, cowboys y vaya Ud. a saber de qué más. No es válido declarar a esas multitudes culpables de actitudes que no fueron rechazadas sino en nuestros tiempos actuales. Por ejemplo, ¿Es que los Borbones se deben arrechar porque en el carnaval de Venecia se disfrazan con vestidos que ellos usaron en el siglo XVIII? ¿es que las mujeres que se divirtieron bastante disfrazándose de negritas en los carnavales de Caracas de los 70 y 80 injuriaron a alguien con sus máscaras y sus bailes y desenfados? ¿Es que vamos a perseguir a la gente que no anticipó la mojigatería política del siglo XXI? Esto se parece a las acusaciones a Placido Domingo que ahora le tratan de cobrar que el tipo era atacón en una época que casi había que serlo o como los que atacan a George Washington porque tenía esclavos. Se llega a desacreditar un líder como Biden porque acostumbraba carantoñas. ¿Qué será lo que pretenden?  Ya se ha reconocido que la esclavitud es inhumana y se le ha ilegalizado en todo el planeta.  Ya estamos de acuerdo que el racismo es una lacra de la humanidad. Ya se ha generalizado el rechazo a los comportamientos machistas, al desigual tratamiento social de la mujer y al irrespeto de su dignidad. ¿Qué se gana ahora encontrando “pecadillos” en el pasado de líderes que por muchas otras razones apreciamos y necesitamos?

4/07/2020


Arria vs Abrams y Pompeo
Por CARLOS M. AÑEZ                                          
Parma, 1 abril 2020             
Diego Arria me hace recordar una viñeta que publicaba El Universal que se llamaba “Nunca falta alguien así”.  Cuando estamos viendo como la situación del régimen chavista llega al peor momento de su miserable historia, hay quien dice que lo que están recibiendo es oxígeno político y que así no caen. Una especie de “contrarian”.
Arria dice que siente bochorno y alarma por las recientes acciones políticas del gobierno de los Estados Unidos con relación a Venezuela. Él se refiere a la acusación formal como narcotraficantes y terroristas que hizo el Departamento de Justicia a Maduro y algunos secuaces, seguida, a los pocos dias, por la propuesta detallada de un gobierno de transición en Venezuela para convocar y efectuar elecciones parlamentarias y presidenciales. Sin embargo, el análisis de Arria y el mío, deberían incluir otras acciones anteriores de Estados Unidos que van desde el patrocinio de la gira internacional de Guaidó en febrero que culminó en el aplauso del Congreso durante el discurso de Trump del Estado de la Unión, hasta diversas interacciones diplomáticas con Rusia y con países latinoamericanos que han ocurrido en el ínterin.
Realmente el argumento principal de Arria es que “la fórmula” que Estados Unidos está aplicando no va a funcionar. Esa “fórmula”, según Arria, se basa en un principio Jeffersoniano de creer que “unas elecciones resuelven problemas”.  Tal creencia, por cierto, es muy popular entre nosotros, la gente demócrata, y no sé porque es particular de Jefferson. Según el exembajador, los americanos han aplicado esa “formula” de pedir elecciones (… digameso! )  en otras ocasiones como los casos de Haiti, El Salvador y Bosnia (Yugoslavia) y en ninguno funcionó.  No es este el sitio para discutir esas opiniones. Nos toca mas bien destacar que la situación de hoy en Venezuela es muy particular y diferente a esos casos. Somos un país petrolero arruinado, no hay enfrentamiento armado pues el régimen es quien tiene armas, estamos en manos de narcotraficantes y ladrones, en nuestro caso no hay influencias religiosas y estamos en la era post guerra fría. No somos por tanto comparables.   Tampoco es creíble que el Departamento de Estado, aun después de la debacle trumpiana, tenga unas “formulas” que “encasquetan” ingenuamente a las situaciones que van encontrando. La imagen e historia de Elliott Abrams es todo lo contrario a eso.
El bochorno y la alarma de Arria provienen de que él no está de acuerdo con la proposición de transición y no está de acuerdo, porque no entiende que es lo que está en juego. Su diagnóstico llega a describir la situación de Venezuela como el secuestro del país por parte de una banda de criminales narcotraficantes, ladrones y asesinos apoyados por Cuba, lo cual no está errado, pero sí es incompleto y desorientador. Su conclusión es que la única solución es la intervención militar porque la banda de criminales no se va a entregar. Arria sabe muy bien que eso requiere un acuerdo en el Consejo de Seguridad que en estos tiempos es imposible. Quizá piensa que tal como Putin se anexó a Crimea, cualquiera puede imitarlo y no pasaría nada.
Acusando a Pompeo de ingenuo, le parece que la proposición del Departamento de Estado es “pura zanahoria” sin garrote. No toma en cuenta que el garrote ya se lo han dado a Maduro con las sanciones, el aislamiento y la acusación. Con las sanciones lo han dejado sin ingresos y con el aislamiento, sin amigos. No puede contar mas con China por ayuda que supere lo que ese país les da a los países más pobres. El apoyo de Rusia se limita al veto del Consejo de Seguridad que no es muy útil mientras no se plantee invasión.  Ya Rosneft le pasó sus activos al gobierno ruso con lo cual Putin queda tranquilo con tener su pica en Flandes.
Arria le sale al paso al argumento de que la acusación del DOJ y la DEA sean el garrote porque si al final se les pide y se les garantiza a los militares quedarse en sus cargos durante la transición al igual que gobernadores y alcaldes, entonces se está legitimando a los mismos que están acusados. En este tema hay que tejer fino y Arria se niega a eso. En primer lugar, ese elemento de la proposición de Adams y Pompeo está seguramente basado en reconocer que la transición no será un camino de rosas. La amenaza de caos es cierta, latente y pavorosa. Entonces, ¿Quién va a estar en las calles poniendo orden? ¿Quién va a cuidar propiedades públicas y privadas? … tendrá que ser la fuerza armada y será la única que se tiene, la venezolana. Claro, con comando de tropa que sea nuevo y confiable. Los generales acusados estarán ahí, pero, o bien estarán presos en USA o se portaran bien para ganar indulgencias o desertarán, pero, mientras tanto, que se queden en sus puestos y cumplan con su deber. Lo mismo con los gobernadores y alcaldes.  Obsérvese que la antelación de las acusaciones respecto a la proposición de transición es la correcta. Si las acusaciones hubiesen seguido a la proposición habrían sido vistas como castigo por no aceptar la proposición, perdiendo credibilidad e impacto.
En mi opinión, las acciones de Estados Unidos en coordinación con otros países y con Guaidó y las fuerzas democráticas en el terrible contexto social, económico, sanitario y político que estamos viviendo, anuncian una fase de desenlace que deja de ser en algo impredecible.

Post data
Hay que destacar que otros comentaristas (ej. Quico Toro) han coincidido con Arria en que la propuesta de Adams y Pompeo no va a funcionar. Pero la razón principal es que Maduro no la va a aceptar. Eso es obvio, pero no por eso hay que rechazarla ni creerla ineficaz políticamente. Tiene impacto político porque dibuja con claridad diáfana un horizonte posible, auspicioso, ordenado, legal y constitucional, inmaculadamente democrático y sin promesas populistas incumplibles, realista y optimista lo cual le cae muy bien a la población venezolana en esta hora negra de su historia. Su virtud es de orientación como corresponde a un buen liderazgo. También ofrece coordenadas de referencia a aquellos militares que todavía deseen ayudar a reconstruir el país. Ese documento ya entró a los futuros libros de historia de Venezuela.

9/01/2019

La Transición y sus planes


La transición y sus planes
Por:  Carlos M. Añez

Recientemente leí dos libros que, además de analizar e interpretar la historia política de Venezuela para entender las causas del desastre que estamos viviendo, proponen estrategias y políticas públicas a ser aplicadas en cuanto los criminales usurpadores entreguen el poder. Se trata de GUERRA, Eugenio y HERRERA, Luis A.: "La Cultura del fracaso" y CORRALES, Werner y MIQUILENA, Tanya: "Venezuela: Vértigo y Futuro".
No vacilo al afirmar que son dos magníficos libros de obligada lectura para quienes estén interesados en el futuro de Venezuela. El primero es un trabajo académico de investigación del proceso histórico que ha llevado a Venezuela a la actual “hecatombe” con argumentación seria y profunda que propone una estrategia de economía de mercado y una reducción al mínimo de la acción del Estado en el desarrollo.  El segundo, es el resultado de un largo, minucioso y complejo proceso de consulta a ciudadanos comunes, líderes locales y expertos que sustenta un detallado programa de reinstitucionalización de Venezuela, de potenciación de las capacidades de la población y de rompimiento secular del rentismo.
Me ha impresionado la coincidencia de la explicación que hacen Corrales y Miquilena con la convincente explicación de Guerra y Herrera del proceso histórico que conformó en el tiempo "la cultura del fracaso". Sin embargo, las propuestas que Corrales y Miquilena hacen en su libro, aunque también enfatizan la libertad, la propiedad privada y la creación de capacidades, se distinguen de las de Guerra y Herrera porque proponen un Estado encargado de activamente promover y garantizar las condiciones para favorecer la iniciativa y el desarrollo privado. En cambio, Guerra y Herrera, se mantienen en un nivel estratégico y conceptual y proponen un Estado mínimo casi impotente y con un rol secundario y meramente instrumental de servicio a los ciudadanos y no de liderazgo. Aun prescribiendo un Estado que no interfiera con la actividad privada, Corrales y Miquilena le asignan importantes tareas para liderizar la reconstrucción y reconducción de la sociedad, en especial hacia lo que llaman “un nuevo estilo de desarrollo” basado decisivamente en la creación de capacidades en la población.  
El libro de Corrales y Miquilena tiene una intención de aplicación concreta en un gobierno futuro, por lo que recomienda políticas públicas específicas. Como colofón, Corrales y Miquilena proponen que las fuerzas políticas que participarán en una Venezuela futura y rescatada celebren un “Pacto para el Progreso de Todos y la Superación de la Pobreza” que esté vigente por unos 25 años y que cubra los temas fundamentales sobre los que habrá que actuar y comprometerse a impulsar, respetar y cumplir.
Paralelamente, se ha estado informando sobre un, así llamado, Plan País que el Presidente Guaidó presentó a fines de enero.  Hay una colección de láminas (PowerPoint) que circula en Internet y que contiene formulaciones muy someras de los aspectos que serían atendidos por un nuevo gobierno. Se dice que fueron las que usó Guaidó. En esa presentación, la falta de especificidad contrasta mucho con los minuciosos detalles y programas del Libro “Venezuela: Vértigo y Futuro” y además se destaca mucho que su análisis de las causas históricas que nos condujeron a la “hecatombe” comienza con la llegada al poder de Hugo Chávez sin ninguna consideración del pasado anterior.
También hay un grupo de muchachos venezolanos que estudian y trabajan en los Estados Unidos y que les preocupa su tierra y tomaron el nombre de Plan País para formar una ONG. Organizan simposios y eventos relacionados con el surgimiento de un gobierno nuevo de reconstrucción de Venezuela. Numerosas figuras políticas, académicas y periodísticas han participado en esos eventos e ideas no han faltado. No están preparando un plan, pero se acopian ideas para ello. La formación de este grupo y su nombre, preceden a los esfuerzos planificadores de Voluntad Popular que sustentan a Juan Guaidó.
Ahora bien, alguien me preguntó ¿cómo hacer para que las proposiciones y planes bien sustentados en el análisis y la experticia sean los que se pongan en práctica desde el propio gobierno de transición? Como me entenderán, eso requiere una respuesta compleja. Comencemos por reconocer que responder la pregunta implica cierto esfuerzo de predicción y adivinación del futuro y en eso somos malísimos los humanos. Quedémonos entonces en un ejercicio de ficción ilustrada sin compromiso con lo que va a suceder realmente.
Primero tenemos que pensar hasta qué punto podemos esperar unidad en la “oposición”, una vez que ya no sea tal pues se habría transformado en “el gobierno”. Una unidad total de los partidos de la democracia es una situación paradisíaca difícil de alcanzar. Nuestro apólogo tiene entonces que basarse en que habrá siempre algún grupo que se opone a lo que propone la mayoría y además querrá que se le tome en cuenta.  ¿pero, el gobierno de transición será de solo una mayoría o de todos?  ¡vaya pregunta!
Para saber eso habría que conocer cómo será el final del gobierno de Maduro y para visualizar ese evento se requiere una bola de cristal de las que están muy escasas. Conformémonos entonces con dibujar un escenario de ficción a grandes rasgos así:  Una fuerza equis (X) derriba el régimen chavista.  Guaidó ejerce la presidencia por lo menos hasta las elecciones en las nuevas condiciones. Ese período de unos 12 a 18 meses se va en organizar un nuevo gobierno, rescatar las instituciones principales – TSJ; CNE; Fiscal, Contralor, Defensor, etc. -, pedir prestado a los multilaterales, atacar la hiperinflación, capear la crisis humanitaria,  aplacar a los militares rebeldes, expulsar a los cubanos, desplegar un plan de emergencia tipo José Agustín Catalá para dar todo el empleo que se pueda y reunirse, reunirse y reunirse a ver si se logra firmar un Pacto como el que proponen Corrales y Miquilena.  Paralelamente, los partidos deberían acordar un candidato único de unidad y lanzar una campaña electoral.  Programas, promesas y argumentos no se llevan a las plazas y mítines pues se dejan para las reuniones porque en ellas se estarán discutiendo y negociando. ¡Menuda tarea!  Entre las cosas que se negociarán estará sin duda el reparto de ministerios que equivale al reparto de responsabilidades según los diversos aspectos del desarrollo, pero todo en el marco del Pacto que se negocie.
¿Es de esperarse que haya unidad?  Yo no sé si actualmente es de esperarse, pero sí sé que sería el colmo que los políticos no lleguen a formar unidad por lo menos para el período hasta las elecciones. Eso hay que exigirlo sin contemplaciones. No se puede permitir que el nuevo gobierno sea conducido por una especie de “Armata Brancaleone” que no encuentra su norte. En este sentido las informaciones que tengo no son tranquilizantes.
Los mensajes e hilos en twiter son alarmantes y a veces repugnantes. Una colección de abogados vociferantes despotricando contra todos sin proponer nada edificante. A pesar de ser pocos, son tan ruidosos que ofrecen una imagen de una sociedad dividida que no tiene posibilidades de salvarse y así lo ven muchos en el exterior.
Por otra parte, en el período de la Asamblea Nacional presidido por Julio Borges, se le encargó a Werner Corrales hacer una consulta con expertos y grupos que se sabía que estaban estudiando el tema del futuro desarrollo de Venezuela. Esa consulta se hizo, pero, qué pasó con eso no lo sabemos. Seguro que lo engavetaron y nos hicieron olvidarlo. Para mi es mala señal de sectarismo.
Los dos libros que mencioné al inicio, que fueron publicados el año pasado y que nadie menciona como documentos de uso político tienen proposiciones concretas, están disponibles y al menos podrían servir como bases conceptuales de debate.  Sin embargo, de eso no se oye nada. Ahora estamos oyendo otra vez del famoso Plan País y no se sabe si están tomando en cuenta los principios y propuestas concretas de esos dos libros o de cualesquiera otros o si responden a una filosofía socioeconómica diferente y quizá antagónica. He oído de otros grupos de espontáneos del ambiente político y del académico que también quieren actuar de planificadores virtuales.
El aspecto fundamental de los planteamientos de los dos libros es la necesidad de acabar con el rentismo, el estatismo y el clientelismo. Ambos dan gran importancia también a la lucha contra la corrupción y a la contención del militarismo. La causa principal precursora de esas taras sociales es identificada como “la socialdemocracia” que para nosotros los venezolanos es equipolente a las políticas de los partidos Acción Democrática y Copei. Cabe entonces preguntarse, ¿esos partidos están ya dispuestos a abandonar esas políticas socialdemócratas y entrar por el aro?  Buena pregunta ¿verdad? … y es a los partidos más nuevos como PJ y VP a quienes también cabría preguntarles lo mismo. Hasta ahora lo que se les ve y se les oye es muy parecido, por no decir idéntico, a más de lo mismo. El clientelismo, en este caso en su vertiente de sectarismo, está tan presente en los “nuevos” partidos como en los “viejos”. Ni mencionar posiciones renovadoras, cada cual está tratando de ser más populista que el resto.   Además, no les interesa escuchar a los demás sino promover sus propias ideas. La propia Maria Corina tendría que decirnos qué piensa sobre ese tema de la transición y la nueva sociedad.
En cuanto a defender y promover la formación de una Venezuela nueva renaciente de entre sus cenizas, los empresarios brillan por su ausencia. La “oligarquía” casi desapareció o quizá nunca existió. Por lo menos, son muy pocos los individuos de la clase adinerada que tienen consciencia de sus respectivas posiciones de lideres económicos y por lo tanto no sienten la responsabilidad de entrar a la palestra política. Es más, siendo ellos el otro lado del clientelismo, andan pidiendo protección y paradójicamente, desregulación.  Deberían estar participando plenamente en los debates, intercambios y acciones políticas para la formación de “la cultura del progreso” y para la desaparición de “la cultura del fracaso”.
En fin, por ahora no se siente mucho espíritu unitario sino más bien un ambiente de “cada pulpero alaba su queso” y después discutiremos.  Todo esto es preocupante porque la transición no será un camino de rosas. Habrá grandes peligros asechando a Venezuela a los cuales habrá que domar y sin unidad, sobre todo de criterios, motivaciones y programas, las dificultades crecerán y los riesgos serán amenazantes. En mi opinión el gobierno de Juan Guaidó debe ponerle seriedad a este problema de lograr unidad programática, aunque hasta ahora ni siquiera no se tenga unidad táctica para salir de los usurpadores. Sin embargo, si su partido VP lo que quiere ser es un segundo capítulo de la socialdemocracia, no hay nada que hacer.
Parma, agosto 2019
                                                                                                                                                                                       

8/16/2019

Las raíces de la hecatombe


Las raíces de la hecatombe
Por Carlos M. Añez

Comentario sobre: 
Guerrero, Eugenio A.  y Herrera Orellana, Luis Alfonso;LA CULTURA POLÍTICA DEL FRACASO – Estatismo, socialdemocracia y los orígenes de la hecatombe republicana en Venezuela”, Editorial Galipán, Caracas, 2018
                                                                      
Estoy seguro de que somos muchos quienes disfrutamos cuando encontramos una obra de análisis crítico y serio de aspectos definitorios de nuestra historia, especialmente por su capacidad de hacernos reflexionar y comprender mejor el mundo en que estamos viviendo. LA CULTURA POLÍTICA DEL FRACASO es una de esas obras. Debo de inicio reconocer que ese libro me ha llevado a pensar y recorrer la evolución de mi propio pensamiento político desde mi época de estudiante universitario, que fue cuando tomé consciencia de que había un contexto social y político que me interesaba y me afectaba. Aunque, como se verá en lo que sigue, tengo diferencias con sus posiciones, le asigno un gran valor a lo que los autores han logrado.
Han combinado un excelente trabajo académico de estudio exhaustivo de la literatura histórica disponible sobre Venezuela con una defensa muy intensa, aunque de bases conocidas y convencionales, del paradigma conservador de la economía de mercado. Desarrollan un convincente argumento de que la realidad actual de "hecatombe" venezolana es resultado explicable del proceso político histórico del país desde sus etapas más incipientes.
El amplio recorrido por la literatura historiográfica venezolana desde los tiempos coloniales les permite dibujar cómo la sociedad venezolana desde su gestación fue estratificada, clasista, racista y reaccionaria. Los estamentos sociales de entonces, la discriminación racial hacia los “pardos”, indígenas y esclavos, el desprecio a la igualdad, sin olvidar su lealtad a la monarquía española, son presentados con copiosas referencias historiográficas cuidadosamente ordenadas. Una cita de Humboldt remarca esa visión diciendo que “Preferían una dominación extranjera a la autoridad ejercida por americanos de una casta inferior”.
La narrativa se encarga de difuminar los mitos pseudo heroicos de la gesta de la independencia que tradicionalmente se han difundido entre nosotros. Se destaca que la élite criolla, cuando promovió la independencia, no lo hizo auspiciando el triunfo de la libertad y la justicia sino buscando, como clase dominante, un mayor control político sobre el país; que la independencia no fue un movimiento popular sino más bien impopular y que, sin embargo, las masas, manejadas por los caudillos, fueron actores determinantes en la guerra de independencia. Como resultado, en el siglo XIX se expandió el caudillismo, uno de los fenómenos sociopolíticos que junto al militarismo y estatismo son los componentes básicos con los que se va formando “la cultura política” de los venezolanos.  
El caudillismo, que termina domado por las décadas Castro-Gomecistas del Siglo XX, no desaparece, sino que se amalgama con el militarismo para continuar hasta nuestros dias. Es esclarecedora la referencia que hacen los autores a que la Republica ha estado conducida por presidentes civiles solo 10 de los 128 años que van desde la independencia hasta 1958. Por otro lado, la vinculación histórica de los tres elementos componentes del pensamiento dominante es lucidamente explicada. Así, el caudillismo y el militarismo, alimentando un mesianismo persistente, genera el estatismo como expectativa “natural” que se reforzará en las décadas siguientes hasta hoy mismo. En pocas palabras, se fue consolidando la fe en que el Estado, conducido por nuestros “Mesías” militares, es quien resolverá nuestros problemas.
La aparición de la Generación del 28 toma su lugar en la narrativa del libro que reconoce en ella el surgimiento de nuevas fuerzas políticas que impulsaran una institucionalización más acorde con los tiempos.  De esa etapa crucial de nuestra historia, los autores destacan los rasgos socialistas y marxistas de la visión política colectiva de ese grupo de jóvenes ilustrados lo cual es, por supuesto, cierto.  Sin embargo, no intentan la explicación, por no decir la justificación, de tal tendencia ideológica. Tiene el lector por sí mismo que recordar que esa gente, estudiosa en cuanto mayoritariamente universitarios, no pudieron evitar la influencia de un contexto mundial bastante complicado y en plena crisis que les tocó vivir.
El año 1929 fue el paroxismo de la Gran Depresión en el mundo capitalista con lo que las teorías de libre mercado redujeron su “popularidad” casi a niveles de ser solo un paradigma de interés más que todo académico. Las proezas de industrialización de la revolución bolchevique en cambio se estuvieron presentando como ejemplo para el resto del mundo que pasó a admirar los resultados de la planificación centralizada y del potencial de la acción del Estado en la economía. Todavía no se conocían bien las atrocidades estalinistas de ese período. John Maynard Keynes con sus teorías sobre la demanda agregada y el potencial de intervención del estado en las políticas monetarias y fiscales de los países, influyó sobre gran parte de sus colegas economistas y en líderes políticos de gran calado comenzando por F.D. Roosevelt. Después de la segunda guerra mundial, economistas como F. Perroux, J.K. Galbraith, A. Hirschman, G. Myrdal  et al,  defendieron con éxito la necesidad de intervención del Estado en temas como, la ordenación del territorio, la educación, la salud públicas y en general el desarrollo. Prácticamente toda Europa occidental asumió para sus políticas económicas las teorías keynesianas “socialdemócratas” del momento. En fin, mi argumento es que, en ese tenso y sobrecogedor contexto histórico, fue casi “natural” o por lo menos explicable que los muchachos del 28 fuesen fundamentalmente “de izquierda”.
Guerrero y Herrera argumentan que los jóvenes del 28 se transformaron en los líderes que en los años 40 le dieron la entrada institucional y formal a la socialdemocracia con la formación y triunfo del partido Acción Democrática y posteriormente del Copei.  Un análisis muy bien estructurado de las disposiciones de las Constituciones del 47 y del 61, les sustenta su demostración de que tanto la propiedad privada como la libertad económica estuvieron siempre mediatizadas por conceptos tales como “el interés general” y el Estado como representante del pueblo. No hay duda de que tienen razón. Pero, de nuevo, tengo que señalar que eso era parte del paradigma dominante en el mundo. En esos tiempos, quizá solo los Estados Unidos, aplicaban políticas públicas macroeconómicas liberales y no del todo puras. Es como pedirle peras al olmo, desear que la Generación del 28 y los partidos que desarrollaron no hubiesen sido influenciados por lo que estuvo sucediendo en Europa y el “mundo libre”.  La socialdemocracia se impuso en la reconstrucción de Europa y todavía hoy está vigente.  ¿Cómo podemos entonces señalar como problemático que en Venezuela se hubiese instalado una socialdemocracia como la que feneció en el Siglo XXI si eso era lo de esperar?
Hay puntos en el texto del libro en los que la socialdemocracia toma casi carácter de personaje insidioso y pernicioso. De mano con el socialcristianismo, a quien, en opinión de los autores, eventualmente absorbe y digiere, la socialdemocracia es denunciada como el Caballo de Troya del militarismo, autoritarismo y totalitarismo de la etapa chavista. El reconocimiento de los logros de políticas socialdemócratas, que son innegables, se hace, pero sin aceptar que ellos compensen la deficiente promoción de la libertad y de la propiedad privada. Ahora bien, a la socialdemocracia se le asigna el carácter de precursora inmediata del desastre y se le imputa haber sido facilitadora del estatismo por sus componentes limitadores de la libertad y la iniciativa de los ciudadanos. El chavismo es visto como consecuencia y no como causa de la consolidación de la cultura política socialdemócrata en Venezuela.
Ahora bien, vale preguntarse ¿Cómo puede una política pública evitar ser antecedente histórico de las que le siguen en el tiempo? ¿Cómo habrían podido las políticas socialdemócratas evitar ser usadas o eliminadas por el nuevo régimen? La historia tiene ese problema de ser continua. Todo esto, no obstante, no niega que “la cultura política” que se configuró con el tiempo en Venezuela con sus componentes de estatismo y militarismo generó el régimen creado por Hugo Chávez en 1992. Que el régimen socialdemócrata en sus postrimerías y con su forma de apagarse favoreció la irrupción del chavismo no se puede negar, pero la naturaleza autoritaria, abusiva, manipuladora, destructiva, totalitaria, militar, corrupta, criminal, divisiva y violenta del régimen chavista no puede achacarse a las políticas adecas y copeyanas hasta 1998. Esa naturaleza es comunista y populista, no socialdemócrata. La aportó Chávez y, es cierto, se aprovechó de la “cultura política” prevaleciente.
La obra de Guerrero y Herrera se vuelve muy interesante con el análisis crítico minucioso que hacen de tres aspectos cruciales de las políticas socialdemócratas:  el condicionamiento de la propiedad privada con especial atención a las nacionalizaciones petroleras y mineras;  la preponderancia dada a la cantidad en lugar de la calidad de la educación y su uso con fines ideológicos y la contaminación del poder judicial con los intereses partidistas, la formación de “tribus” y la consecuente corrupción de la justicia. Las conclusiones a las que llegan son tan penetrantes como los análisis que las preceden. Pero no puedo negar que entristecen.
Si los autores hubiesen limitado su trabajo al análisis de los sucesos y procesos históricos que explican como Venezuela terminó en la “hecatombe” actual, la obra tendría mi reconocimiento incondicional de excelencia. El problema es que al diagnóstico y al análisis le entrelazan sus posiciones ideológicas sobre las relaciones entre Estado, economía y ciudadanos. Presentan argumentos bien conocidos en el mundo con el apoyo de pensadores y filósofos que expusieron sus ideas a fines del siglo XIX y en el siglo XX. Se trata de autores como Hayek, Friedman, Popper y otros europeos además de Carlos Rangel y otros autores venezolanos más recientes. Su selección es sesgada pues no incluye autores que se opusieron a esa línea de pensamiento.  Por ejemplo, en el caso de la ciencia, nos dan la visión idealista de Karl Popper de que la investigación científica valida el conocimiento mediante supuestos esfuerzos de los científicos para refutar sus propias hipótesis dejando así de lado la visión histórica y factual de Thomas Kuhn de los enfrentamientos entre paradigmas.  De manera análoga, ni mencionan las variadas teorías del desarrollo socioeconómico que circularon y compitieron en la segunda mitad del siglo XX y prefieren más bien ilustrar las virtudes de la libertad económica y de las fuerzas de mercado para estimular la iniciativa privada lo cual conduciría al desarrollo y “derramaría” prosperidad sobre toda la sociedad incluyendo los estratos más pobres. Esa versión de capitalismo puro no se conoce todavía en el mundo y cuando ha habido regímenes que se le han acercado, los resultados no han sido buenos.
No estoy tratando de rechazar o contra argumentar las posiciones ideológicas de Guerrero y Herrera. Esta no es la ocasión para eso. Lo que estoy diciendo es que al tomar ellos una posición específica en ese debate centenario le reducen la credibilidad a sus análisis y conclusiones respecto al proceso histórico político de Venezuela.  Sin embargo y en todo caso, en mi opinión, la obra de Guerrero y Herrera es de casi obligatoria lectura de políticos, académicos, estudiosos y demás interesados en el porvenir de Venezuela.
Parma, agosto 2019

7/05/2019

LA DEMANDA SOBRE EL TIAR


No soy abogado, pero me interesa y me atrae la naturaleza de esa profesión fundamentalmente por su inherente lógica y su uso del lenguaje. Ayer conocí la demanda que dos abogados venezolanos, profesores universitarios por lo demás, presentaron al Tribunal Supremo legítimo (en el exilio) reclamando la inconstitucionalidad por omisión legislativa por parte de la Asamblea Nacional en cuanto se refiere a la aprobación de la solicitud de Venezuela para reintegrarse como miembro del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca TIAR.
Como era de esperar, la demanda está en general muy bien escrita y es clara e inteligible. Sin embargo, estudiándola con detenimiento y con referencia al texto del TIAR, le encuentro serios defectos de argumentación que me hacen criticarla e incluso rechazarla. Mi análisis parte por estudiar el texto de la demanda propiamente, contrastando sus argumentos con lo que estipula el texto del Tratado, para terminar discutiendo los aspectos políticos de haberla redactado y presentado.
No encuentro en ninguna disposición en la Carta Magna algo que permita calificar de “omisión” la interrupción del proceso de aprobación del TIAR en la AN después de la primera discusión. Primero, porque el concepto de omisión está limitado constitucionalmente a incumplimientos de disposiciones precisamente constitucionales y sabemos que reintegrarse al TIAR no es una de ellas. Por otra parte, no hay ni en la Constitución ni en el reglamento interno de la Asamblea ninguna norma que fije los tiempos para aprobar cualquier ley excepto quizá el de 30 dias que se le fijan a la Comisión pertinente que actúa después de la primera discusión. En ese sentido la Asamblea es totalmente soberana, puede tomarse el tiempo que quiera para aprobar leyes, excepción hecha de las que son exigidas taxativamente por la propia Constitución en las Disposiciones Transitorias.
El texto de los demandantes da unos saltos argumentales que, en mi opinión, no pueden admitirse en un documento jurídico formal. No es aceptable que inmediatamente después de mencionar “como hecho público y notorio” el desastre chavista y la tragedia venezolana en los puntos 3 y 4 del Sumario, se precipite el argumento diciendo que “se ha[ce] indispensable la conformación de una coalición de Fuerza Interamericana, a los fines de restituir la soberanía, la independencia política, la paz y la normalidad democrática de Venezuela.” Eso es un non sequitur. La opinión de los demandantes de que tal Fuerza es “indispensable” es muy discutible, no es consensuada ni tiene fundamento factual ni legal. Ese tema es claramente político y controversial. Los jueces no tendrían base para decidir porqué no es posible demostrar que SOLO con fuerza militar se pueden resolver los problemas mencionados en la demanda. Así que no se puede afirmar que la fuerza extranjera es indispensable.
La demanda tiene subyacente la creencia de los autores de que el TIAR es la solución. Claro, solución para obtener la intervención militar que ellos consideran indispensable. Sin embargo, no podrán evitar que los jueces del TSJ (en exilio) y nosotros sus lectores leamos el texto del Tratado y quedemos sorprendidos de que lejos de ser un instrumento para “conformar una coalición de Fuerza Interamericana” está mas bien orientado a evitar soluciones militares. Los dos primeros Artículos del Tratado dicen:
ARTICULO 1.°
Las Altas Partes Contratantes condenan formalmente la guerra y se obligan en sus relaciones internacionales a no recurrir a la amenaza ni al uso de la fuerza en cualquier forma incompatible con las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas o del presente Tratado.
ARTICULO 2.o
Como consecuencia del principio formulado en el Artículo anterior, las Altas Partes Contratantes se comprometen a someter toda controversia que surja entre ellas a los métodos de solución pacífica y a tratar de resolverla entre sí, mediante los procedimientos vigentes en el Sistema Interamericano, antes de referirla a la Asamblea General o al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Además, la activación del TIAR se justifica cuando hay un ataque, o agresión contra un país miembro del tratado en cuyo caso no es que los demás países salen de inmediato a mandar sus fuerzas armadas a ayudar al agredido, no.  Lo que harían es convocar al Órgano de Consulta para evaluar la situación y agotar todas las medidas de negociación, de diplomacia y demás carantoñas. En el caso de Venezuela no ha habido ninguna agresión de un Estado a nuestro país así que eso no nos toca.
Los demandantes evidentemente se dieron cuenta de eso por lo cual se refieren a una disposición del Artículo 6 del TIAR que menciona que puede haber agresiones no armadas a un país miembro. en cuyo caso, no es que se conforma en consecuencia la Fuerza Interamericana como quieren los demandantes, sino que, el asunto se envía al Órgano de Consulta para que este decida qué hacer. Pasan entonces a referirse a una “Declaración sobre Seguridad en las Américas” aprobada por la OEA en 2003 para dar otro salto argumental sin continuidad lógica y concluir que “Por tanto, para que el continente americano y Venezuela puedan restablecer la paz, la seguridad y la normalización de la democracia, la activación del TIAR es indispensable”.  Con el debido respeto, no siendo abogado, me atrevo a presentar mi punto de que en un texto jurídico de demanda no deben aparecer tomas de posición y opiniones sin sustento en los hechos o en los documentos legales de referencia pertinentes.
Otro aspecto es que las relaciones exteriores de la Nación le corresponden al Poder Ejecutivo y en este caso que estamos viviendo, el presidente de la Asamblea es el presidente encargado de la República por lo que la Asamblea no tiene otro camino que aceptar la conducción del tema por parte de Guaidó quien, en todo caso, debe tener razones para haber retrasado el proceso de TIAR.
Así como la Asamblea no tiene poderes ilimitados para imponer su criterio al resto de Poderes Públicos (excepto, por supuesto, redactando y aprobando leyes constitucionalmente), el Tribunal Supremo de Justicia tampoco puede a su arbitrio dar instrucciones al resto de los Poderes. Por eso, lo que realmente piden los demandantes al TSJ es que “exhorte” a la Asamblea a continuar el proceso de aprobación del TIAR. A mi me parece que en ese sentido la demanda se parece a cazar moscas con una escopeta. ¿Tanta redacción y tanta parafernalia jurídica para terminar solo “exhortando” a la Asamblea? Con unos artículos de prensa pidiéndole a Guaidó que apure el proceso bastaba. No puedo evitar ver esto como sospechoso. ¡Sorry !
Para evitar malas interpretaciones, quiero dejar claro que deseo con toda mi alma el final del régimen de Maduro. Nunca, jamás, apoyé al chavismo. Desde 1992 sufro con la mera presencia de esas fuerzas populistas y comunistas destructoras que me han quitado mi país. Sin embargo, lucho por mantener mi mente clara para informarme y reflexionar sobre las realidades que están desarrollándose y con la ayuda de la historia, acercarme a vislumbrar el camino que debemos tomar. No pretendo tener la solución a nuestra tragedia, pero si exijo que las posiciones que tome la gente, en especial mis amigos, no sean, en lo posible, resultado de emociones del momento.
Uno de los autores de la demanda que estamos aquí revisando dice en su perfil de Tweeter: “Lucho por una Venezuela libre de socialismo, NO me calo el populismo.” ¿se habrá dado cuenta de que su demanda es un ejemplar genuino de populismo?  De todos modos, los autores no son los únicos que están demostrando cierta pérdida de lucidez debida quizá a la desesperación que causa la persistencia del régimen. El problema no es que la demanda sea o bien declarada sin lugar o que la sentencia llegue a destiempo después que la AN haya efectuado la segunda discusión. El problema es que su propia presentación al TSJ daña la única fuerza política que tenemos los demócratas venezolanos liderizada por Guaidó porque le da la imagen ante tanta gente que no lee, ni piensa, de que es blandengue y que le da miedo pedir la intervención militar extranjera. Una intervención que no habrá, que no existe y que el mundo entero rechaza.
En estos dias en que hemos confirmado el estado de deterioro o mejor de debacle de la Fuerza Armada venezolana es difícil argumentar que hay que traer una fuerza extranjera para que los termine de aplastar. No creo que eso sea necesario. Con tener paciencia basta.
Parma, 4 de julio 2019