8/14/2020

Troudeau y la mojigateria

La hipocresía colectiva que revelan los ataques a Troudeau por haberse disfrazado con la cara pintada me irrita. ¿Cómo es posible que en un mundo como el actual lleno de problemas y procesos tan preocupantes se afecte una elección tan importante como la próxima en Canadá con una nimiedad como esa? No puedo creer que haya una cantidad significativa de votantes en Canadá que se planteen cambiar su voto porque un candidato se pintó la cara de negro en un carnaval hace dos décadas. Eso sería una imbecilidad colectiva desconcertante. ¿qué se puede esperar de gente que así piense cuando se trate de verdaderas crisis como las que amenazan a la humanidad en cuanto al cambio del clima, la proliferación de armas, el inexorable crecimiento del crimen, la confrontación comercial internacional y demás dramas mundiales? Se escandalizan por una supuesta ofensa racista causada por Troudeau disfrazándose de Aladino con cara pintada. Son incontables los millones de personas que se disfrazaron en el pasado de negritas, chinos, turcos, indios, cowboys y vaya Ud. a saber de qué más. No es válido declarar a esas multitudes culpables de actitudes que no fueron rechazadas sino en nuestros tiempos actuales. Por ejemplo, ¿Es que los Borbones se deben arrechar porque en el carnaval de Venecia se disfrazan con vestidos que ellos usaron en el siglo XVIII? ¿es que las mujeres que se divirtieron bastante disfrazándose de negritas en los carnavales de Caracas de los 70 y 80 injuriaron a alguien con sus máscaras y sus bailes y desenfados? ¿Es que vamos a perseguir a la gente que no anticipó la mojigatería política del siglo XXI? Esto se parece a las acusaciones a Placido Domingo que ahora le tratan de cobrar que el tipo era atacón en una época que casi había que serlo o como los que atacan a George Washington porque tenía esclavos. Se llega a desacreditar un líder como Biden porque acostumbraba carantoñas. ¿Qué será lo que pretenden?  Ya se ha reconocido que la esclavitud es inhumana y se le ha ilegalizado en todo el planeta.  Ya estamos de acuerdo que el racismo es una lacra de la humanidad. Ya se ha generalizado el rechazo a los comportamientos machistas, al desigual tratamiento social de la mujer y al irrespeto de su dignidad. ¿Qué se gana ahora encontrando “pecadillos” en el pasado de líderes que por muchas otras razones apreciamos y necesitamos?

4/07/2020


Arria vs Abrams y Pompeo
Por CARLOS M. AÑEZ                                          
Parma, 1 abril 2020             
Diego Arria me hace recordar una viñeta que publicaba El Universal que se llamaba “Nunca falta alguien así”.  Cuando estamos viendo como la situación del régimen chavista llega al peor momento de su miserable historia, hay quien dice que lo que están recibiendo es oxígeno político y que así no caen. Una especie de “contrarian”.
Arria dice que siente bochorno y alarma por las recientes acciones políticas del gobierno de los Estados Unidos con relación a Venezuela. Él se refiere a la acusación formal como narcotraficantes y terroristas que hizo el Departamento de Justicia a Maduro y algunos secuaces, seguida, a los pocos dias, por la propuesta detallada de un gobierno de transición en Venezuela para convocar y efectuar elecciones parlamentarias y presidenciales. Sin embargo, el análisis de Arria y el mío, deberían incluir otras acciones anteriores de Estados Unidos que van desde el patrocinio de la gira internacional de Guaidó en febrero que culminó en el aplauso del Congreso durante el discurso de Trump del Estado de la Unión, hasta diversas interacciones diplomáticas con Rusia y con países latinoamericanos que han ocurrido en el ínterin.
Realmente el argumento principal de Arria es que “la fórmula” que Estados Unidos está aplicando no va a funcionar. Esa “fórmula”, según Arria, se basa en un principio Jeffersoniano de creer que “unas elecciones resuelven problemas”.  Tal creencia, por cierto, es muy popular entre nosotros, la gente demócrata, y no sé porque es particular de Jefferson. Según el exembajador, los americanos han aplicado esa “formula” de pedir elecciones (… digameso! )  en otras ocasiones como los casos de Haiti, El Salvador y Bosnia (Yugoslavia) y en ninguno funcionó.  No es este el sitio para discutir esas opiniones. Nos toca mas bien destacar que la situación de hoy en Venezuela es muy particular y diferente a esos casos. Somos un país petrolero arruinado, no hay enfrentamiento armado pues el régimen es quien tiene armas, estamos en manos de narcotraficantes y ladrones, en nuestro caso no hay influencias religiosas y estamos en la era post guerra fría. No somos por tanto comparables.   Tampoco es creíble que el Departamento de Estado, aun después de la debacle trumpiana, tenga unas “formulas” que “encasquetan” ingenuamente a las situaciones que van encontrando. La imagen e historia de Elliott Abrams es todo lo contrario a eso.
El bochorno y la alarma de Arria provienen de que él no está de acuerdo con la proposición de transición y no está de acuerdo, porque no entiende que es lo que está en juego. Su diagnóstico llega a describir la situación de Venezuela como el secuestro del país por parte de una banda de criminales narcotraficantes, ladrones y asesinos apoyados por Cuba, lo cual no está errado, pero sí es incompleto y desorientador. Su conclusión es que la única solución es la intervención militar porque la banda de criminales no se va a entregar. Arria sabe muy bien que eso requiere un acuerdo en el Consejo de Seguridad que en estos tiempos es imposible. Quizá piensa que tal como Putin se anexó a Crimea, cualquiera puede imitarlo y no pasaría nada.
Acusando a Pompeo de ingenuo, le parece que la proposición del Departamento de Estado es “pura zanahoria” sin garrote. No toma en cuenta que el garrote ya se lo han dado a Maduro con las sanciones, el aislamiento y la acusación. Con las sanciones lo han dejado sin ingresos y con el aislamiento, sin amigos. No puede contar mas con China por ayuda que supere lo que ese país les da a los países más pobres. El apoyo de Rusia se limita al veto del Consejo de Seguridad que no es muy útil mientras no se plantee invasión.  Ya Rosneft le pasó sus activos al gobierno ruso con lo cual Putin queda tranquilo con tener su pica en Flandes.
Arria le sale al paso al argumento de que la acusación del DOJ y la DEA sean el garrote porque si al final se les pide y se les garantiza a los militares quedarse en sus cargos durante la transición al igual que gobernadores y alcaldes, entonces se está legitimando a los mismos que están acusados. En este tema hay que tejer fino y Arria se niega a eso. En primer lugar, ese elemento de la proposición de Adams y Pompeo está seguramente basado en reconocer que la transición no será un camino de rosas. La amenaza de caos es cierta, latente y pavorosa. Entonces, ¿Quién va a estar en las calles poniendo orden? ¿Quién va a cuidar propiedades públicas y privadas? … tendrá que ser la fuerza armada y será la única que se tiene, la venezolana. Claro, con comando de tropa que sea nuevo y confiable. Los generales acusados estarán ahí, pero, o bien estarán presos en USA o se portaran bien para ganar indulgencias o desertarán, pero, mientras tanto, que se queden en sus puestos y cumplan con su deber. Lo mismo con los gobernadores y alcaldes.  Obsérvese que la antelación de las acusaciones respecto a la proposición de transición es la correcta. Si las acusaciones hubiesen seguido a la proposición habrían sido vistas como castigo por no aceptar la proposición, perdiendo credibilidad e impacto.
En mi opinión, las acciones de Estados Unidos en coordinación con otros países y con Guaidó y las fuerzas democráticas en el terrible contexto social, económico, sanitario y político que estamos viviendo, anuncian una fase de desenlace que deja de ser en algo impredecible.

Post data
Hay que destacar que otros comentaristas (ej. Quico Toro) han coincidido con Arria en que la propuesta de Adams y Pompeo no va a funcionar. Pero la razón principal es que Maduro no la va a aceptar. Eso es obvio, pero no por eso hay que rechazarla ni creerla ineficaz políticamente. Tiene impacto político porque dibuja con claridad diáfana un horizonte posible, auspicioso, ordenado, legal y constitucional, inmaculadamente democrático y sin promesas populistas incumplibles, realista y optimista lo cual le cae muy bien a la población venezolana en esta hora negra de su historia. Su virtud es de orientación como corresponde a un buen liderazgo. También ofrece coordenadas de referencia a aquellos militares que todavía deseen ayudar a reconstruir el país. Ese documento ya entró a los futuros libros de historia de Venezuela.